Rotos que siempre serán cosidos.
No me hables de tu infancia que me suena a saltos de unos pies envueltos en una comba, al equilibrio que sostienen los trapecistas bajo una cuerda, A patadas y golpes cuando sólo aparece un balón. Al ruido de un timbre que anuncia la salida al patio, a la balancha aglomerada tras la salida del colegio como balas, a las que no existen pistolas. A la inercia y al impulso de no saber nunca donde caer desde un columpio. Que jugando con un tobogán también se quema porque el fuego, a distancia, tan solo era para calentarnos las manos. A la violencia del cielo por querer anochecer y a las lagrimas que nacen por no querer dejar de jugar. Las cicatrices en las rodillas por el pose de las piedras el suelo tatuado por nuestros nombres. El silencio nervioso de un escondite para que no me encontraran para poder salvarte cuando te encontraban a ti. el: calla no te rías nos van a pillar corre sálvate y sino, ahora te salvo ...